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viernes, 1 de abril de 2011

Francisco M. Ortega Palomares

     De nuevo vengo a dedicar otra de mis entradas a otro de mis poetas favoritos. Fuisteis muchos los que me comentasteis que os gustó mucho el post de Ernesto Cardenal y ahora os traigo otro, menos conocido aún, que espero que tenga la misma aceptación.

     Sabéis que intento huir de la poesía clásica, aunque me gusta, porque pienso que a Federico García Lorca o a Pablo Neruda ya lo conocéis la mayoría. Pero si escarbas un poquito en la superficie de la poesía te encuentras pequeñas joyitas que te pueden alegrar un día, dos, o muchos de ellos. Hoy os hablo de Francisco M.Ortega Palomares, el cual descubrí casi por casualidad, aunque luego me di cuenta de que lo conocía desde hace tiempo. Y digo esto porque utilizaron parte de uno de sus poemas en la introducción de un videoclip hace unos años...

     El caso es que de la vida de Francisco Ortega no conozco ni su ciudad de nacimiento, ni su edad, ni su apariencia física, ni qué logros importantes ha obtenido en su carrera. Lo único que conozco de él es su nombre y sus poemas. Pero para disfrutar de su lectura incluso me sobra uno de los datos que tengo.
Os dejo algunos:


IDEARIO


Me da vértigo el punto muerto
y la marcha atrás,
vivir en los atascos,
los frenos automáticos y el olor a gasoil.
Me angustia el cruce de miradas
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me da pena la vida, los cambios de sentido,
las señales de stop y los pasos perdidos.
Me agobian las medianas,
las frases que están hechas,
los que nunca saludan y los malos profetas.
Me fatigan los dioses bajados del Olimpo
a conquistar la Tierra
y los necios de espíritu.
Me entristecen quienes me venden clines
en los pasos de cebra,
los que enferman de cáncer
y los que sólo son simples marionetas.


Me aplasta la hermosura
de los cuerpos perfectos,
las sirenas que ululan en las noches de fiesta,
los códigos de barras,
el baile de etiquetas.
Me arruinan las prisas y las faltas de estilo,
el paso obligatorio, las tardes de domingo
y hasta la línea recta.
Me enervan los que no tienen dudas
y aquellos que se aferran
a sus ideales sobre los de cualquiera.
Me cansa tanto tráfico
y tanto sinsentido,
parado frente al mar mientras que el mundo gira.

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EL RELOJ BIOLÓGICO

La temperatura determina el sexo de las tortugas
las alarmas dictan los horarios
y mi consuelo es ver ponerse el sol.

Las riquezas del mundo las bendicen las máquinas
la luz que aminora en invierno
produce depresión y hace florecer los crisantemos.

Las glándulas endocrinas segregan días sin calma
las neuronas nunca duermen
y los latidos del corazón cuentan un número exacto.

Las funciones vitales llegan tarde al trabajo
y el reloj circadiano atrasa cuando llueve.

Tenemos buen seguro, pagamos con tarjeta.
Definitivamente, estamos en el mundo:
la verdadera vida no está ausente.

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AQUEL AMOR


Te lo di todo y todo fue tan poco para ti
que ahora es nada aquel amor que te tenía.
Aquel que hirvió en las tardes y saludó las noches
mientras buscaba fabulosos animales por tu piel.


Aquel amor que, inocente y entregado,
rompió las soledades junto al mar y en la cama,
con la fuerza de un dios desconocido
y besos imposibles quebrándose al caer.


Quizás no sea bueno recordar lo que fuimos
para no darnos cuenta que vuelve a suceder
que otro amor, quizás igual que áquel,
nos engañe -ángel o diablo-, nuevamente otra vez.

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UNA DROGA MORTAL


Me fui poniendo ciego con la vida
porque me fue gustando,
lo confieso.


Enamorarme de sus trucos más viejos:
las tardes, los paseos,
las citas en los bares,
comer fuera de casa,
charlar con los amigos,
probar lo prohibido,
amar sin compromiso,
liarme y desliarme.


Tener sueños de gloria
y utopías de una existencia mejor,
más razonable.
Gritar contra lo injusto
y ponerme del lado
del que no es nadie.


Había un no sé qué
por cargar lo que me echaran,
comerme el mundo
en un instante
y tropezar tantas veces
en la misma piedra.


Con el paso del tiempo
me ido quitando
de muchos de esos vicios,
de todo aquello que ya es necesario
y que es casi todo.


Por la borda he tirado
manías y prejuicios,
ambiciones que no valen la pena.


A pesar de los años
no me he desenganchado
de esta droga tan dura
que es vivir con un tiempo prestado
mientras el deseo me mata.


Podéis leer mucho más sobre él en su blog: Cuaderno de poesía.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno.
Que dificil es ser tan consciente!!!
Que acida es la vida!!!

Francisco M. Ortega Palomares dijo...

Gracias por la cita. Un saludo cordial.